Carta al Padre

Autor: Franz Kafka

“Querido padre:

No hace mucho me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe qué contestarte; en parte, precisamente, por el miedo que te tengo; en parte porque en la explicación de dicho miedo intervienen demasiados pormenores para poder exponerlos con mediana consistencia. Y si, con esta carta, intento contestar a tu pregunta por escrito, lo haré sin duda de un modo muy incompleto, porque, aun escribiendo, el miedo y sus consecuencias me atenazan al pensar en ti, y porque las dimensiones de la materia exceden con mucho los límites de mi memoria y de mi entendimiento”…

La Obra

La carta fue escrita en noviembre de 1919 en Schelesen, pequeña localidad al norte de Praga, durante una de las frecuentes huidas que Kafka, el solitario, se imponía para estar más solo, y que en aquel entonces le imponían también los médicos para curarlo de una tuberculosis pulmonar diagnosticada dos años antes… La carta no llegó nunca a la manos del padre. Enviada a través de la madre que aun en esto actuó de intermediaria, fue devuelta a Kafka el cual la confió más tarde, con otros manuscritos, a Milena…

No deja de sorprender, sin embargo, que a los treinta y seis años, cinco antes de morir, terminada ya la parte más importante de su obra (y de su vida) Kafka escriba esta despiadada carta a su padre, de una extensión poco habitual; que se detenga en ella, que los proyectos y las obras comenzadas tengan que esperar. La acaba bruscamente, es cierto, pero la acaba en un punto muerto, agotado el tema, como si se percatase de que ha sido prolijo y de que el ovillo no puede dar más hilo sin romperse… En un tono tanto o más novelesco que epistolar, tanto o más delator que confidencial, Kafka quiere, en efecto, ponerle pleito al padre, implicarlo en el “terrible proceso” en que él, desde los primeros años oscuros de la infancia, se debate y se defiende, pero sobre todo se siente acusado y condenado, precisamente por el padre. Y, quejándose de ello, lo rechaza como juez, del mismo modo que lo ha rechazado como padre, si en la paternidad se fundaba su jurisdicción… Al final, de un modo muy kafkiano y muy lógico, la sentencia no se pronuncia, a menos que haya que buscarla en la condena de ambos acusados a una dolorosa inocencia indemostrable. (Ricard Torrents)

A nadie le preocupa tanto la estructura narrativa y nadie la alimenta tanto con el conflicto paterno filial como Kafka. “Si se analiza detenidamente la obra entera de Kafka, uno cae en la cuenta de que la figura de su padre, consciente o inconscientemente se convirtió para Franz en el núcleo simbólico y el alma de su compleja maquinaria literaria”. (Jordi Llovet)

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