Después

Autor: Edith Wharton

«— ¡Oh, por supuesto que hay uno! Pero jamás lo reconoceréis.
Aquella afirmación, hecha alegremente seis meses antes en el marco de un radiante jardín en el mes de junio, volvió a la memoria de Mary Boyne con toda la fuerza de su eventual significado cierta noche de diciembre mientras aguardaba en la biblioteca a que le trajesen los candiles.»

 

La obra

A Edith Wharton (Nueva York, 1862-Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, 1937), no se le ha reconocido lo suficiente su deslumbrante maestría en la técnica del relato de suspense o de terror. En las acotadas y rigurosas leyes del género halló la autora de La edad de la inocencia el habitáculo idóneo para alojar sus historias mínimas pero impactantes, para recoger los elementos más humildes de la cotidianidad y hacer prender en ellos la llama de la desazón, torciendo prodigiosamente el destino de unos sucesos que se trascienden a sí mismos justo cuando iban camino de fundirse en el caudal de lo prosaico.

Los cuentos inquietantes aquí reunidos lo son (parafraseando las muy célebres desgracias tolstoianas) cada uno a su manera. En un primer bloque integraríamos aquellos que se escoran hacia lo sobrenatural, en la línea de los relatos de fantasmas de Henry James, de quien la norteamericana fue gran admiradora y mejor amiga. En estos cuentos el elemento ultraterreno sobrevuela las páginas de manera casi imperceptible, rehuyendo siempre el efecto visceral, al más puro estilo de esta narradora portentosa: sutilmente escalofriante, tan evanescente en ocasiones que la duda atenaza al lector hasta el final provocándole la gozosa inquietud que ha querido subrayar el título de la presente antología. La ambigüedad de algunos de ellos incluso posibilita dos lecturas de un mismo relato. Conviene recordar que Wharton había sufrido terrores nocturnos en su primera juventud, con lo cual sabía bien a qué atenerse con el miedo: lo que a ella la asustaba entonces, esas incorpóreas presencias que acechan en la oscuridad, nos asustará también a nosotros. Dentro de este grupo se encuentran: «Una botella de Perrier», «La duquesa orante», «El veredicto», «La plenitud de la vida», «Después» o «Un viaje».

«Después» es el único relato de toda la antología que no es inédito en español, pero nos decidimos a incluirlo porque tradicionalmente ha sido considerado el más espeluznante de los cuentos de la autora (personalmente, me desasosiega más «Una botella de Perrier»)… Se trata del clásico relato de casa encantada, paradigma del estilo whartoniano a la hora de abordar el terror: lo verdaderamente temible es lo que se infiltra casi de incógnito en lo cotidiano bordeando la más exquisita ambigüedad.

Un denominador común a la mayoría de estos relatos es el tratamiento de las casas o mansiones como personajes, una constante en casi todas las obras de Wharton, que no en vano fue una prestigiosa paisajista y decoradora de interiores. Los espacios donde habita la gente la condicionan (o a la inversa), convirtiéndose en testigos mudos de lo que se exhibe o se esconde, en nexo entre quienes los habitan y quienes les precedieron. En «La duquesa orante», «Una botella de Perrier» y sobre todo en «Después», las mansiones alcanzan envergadura de seres animados.

En líneas generales y cada una a su estilo, estas atmósferas inquietantes son breves irrupciones de lo raro o inesperado en la blanda cotidianidad, suficientes como para hacer realidad la profecía de Borges: «Cualquier instante puede ser el cráter del infierno». (LA RETÓRICA DEL MIEDO, por Lale González-Cotta. Ed. Impedimenta. 2015)

 

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