El predicador desconcertado

Thomas Hardy

«Algo retrasó la llegada del ministro wesleyano, y un joven vino temporalmente en su lugar. Era el 13 de enero de 183… cuando el señor Stockdale, el joven en cuestión, hizo (ignorado y casi desapercibido) su humilde entrada en la aldea. Pero cuando los vecinos que se consideraban de su secta entraron en contacto con él se sintieron más complacidos que lo contrario con el sustituto, a pesar de que la personalidad del joven Stockdale apenas si había adquirido todavía el aplomo suficiente para tranquilizar las conciencias de los ciento cuarenta metodistas de pura sangre que en aquella época vivían en Nether-Moynton.»

 

La obra

A pesar de que por su extensión hoy podría ser considerado una novela corta, «El predicador desconcertado» (1879) es un prodigio de economía narrativa puesta al servicio de una narración matizada y en la que sus dos protagonistas —Lizzy y su pretendiente, el predicador desconcertado— están tratados como personajes «redondos», según la célebre taxonomía de E. M Forster. Ironía, sentido del humor, capacidad de sorpresa, suspense. Hardy explora el Dorset de los contrabandistas de licor de principios del siglo XIX, un mundo mítico del que todavía pueden visitarse vestigios más o menos turistizados en nuestros días. 

Hardy emplea la comedia para contar una historia de amores contrariados y puntos de vista morales en conflicto, a pesar de la bowdlerización * final. Lizzy es, además, un prototipo perfecto de la «nueva mujer» hardiana, nada dispuesta a sacrificar sus convicciones a cambio de un problemático amor. 

Cuentos como El predicador desconcertado merecen estar en cualquier compendio de las mejores páginas de la literatura británica del siglo XIX. (M. Rodríguez Rivero)

 

* En el último tercio del siglo pasado las revistas «familiares» de suscripción — como el famosísimo Harper’s Monthly Magazine (fundado en Nueva York en 1850 y cuya cabecera sigue activa), en el que publicaron obras originales escritores como Dickens, Thackeray, Trollope, Wilkie Collins, Melville o Henry James, además del propio Hardy— se convirtieron en uno de los primeros entretenimientos de las burguesías cultas a uno y otro lado del Atlántico. Las historias se presentaban siempre ilustradas por dibujantes prestigiosos, las narraciones se veían a veces fragmentadas por las necesidades de publicación (lo que quizás explique innecesarias titulaciones en alguno de los relatos incluidos en este volumen), y los escritores se veían muchas veces obligados a «editar» o suprimir de sus propios relatos aspectos, vocabulario o situaciones que pudieran entrar en conflicto con los gustos o la sensibilidad de los lectores. Este proceso de autocensura era conocido con el nombre de bowdlerization en recuerdo de Thomas Bowdler, que publicó (1818) una edición «convenientemente» expurgada de las obras de Shakespeare. Hardy tuvo que bowdlerizar en repetidas ocasiones algunos de sus relatos. La nota al final de «El predicador desconcertado» se refiere a uno de esos cambios de rigueur para que la obra pudiera ser publicada en una revista inglesa (y que, dicho sea de paso, impide que el cuento alcance la categoría de obra maestra).

 

El autor

Hardy escribió a lo largo de su vida cincuenta y tres relatos de extensión variada, treinta y siete de los cuales fueron ordenados por el escritor en cuatro volúmenes: Wessex Tales (1888), A Group of Noble Dames (1891), Life’s Little Ironies (1894) y A Changed Man (1913)… Hardy lo tenía tan claro como los buenos narradores orales. Un suceso —real o imaginario— debería ser lo suficientemente excepcional como para justificar su narración. Nada merece la pena ser contado a menos que la historia se salga de la experiencia más común de los hombres y mujeres a quienes va destinado. Con esas premisas más o menos interiorizadas, un sustrato vivido en el que bullía todo el acervo de baladas, folk-songs, mitos e historias orales del folklore de Dorset, un gran sentido del lugar y cierto gusto por el melodrama y lo escabroso, Hardy tenía todo lo que podía desear para convertirse en uno de los grandes maestros del relato británico de finales de siglo. Su sentido de la observación y su ojo para el detalle aparentemente insignificante completan el cuadro. (M. Rodríguez Rivero). 

«Thomas Hardy (1840-1928) no es sólo uno de los más grandes novelistas ingleses de todos los tiempos; es, además, el nexo de unión entre la novela victoriana y la novela del siglo XX en Inglaterra». (José María Guelbenzu)

 

El predicador desconcertado.Comienzo:

Descargar archivo

 

El predicador desconcertado. Duración del audiolibro (2h. 24′)


Precio: 2,00 €
Recibirá en su correo un archivo para la descarga del audiolibro.