La Veneciana. Portada

La Veneciana

Autor: Vladimir Nabokov

«Delante del castillo de tonos rojizos, entre frondosos olmos, había una pista de tenis de hierba intensamente verde. Aquella mañana temprano, el jardinero había pasado un rodillo de piedra hasta dejarla suave y lisa, arrancado un par de margaritas, redibujado las marcas del césped con cal líquida y había colocado bien tirante una nueva red elástica y resistente entre los dos postes

 

La obra

«La Veneciana» («Venezianska») se escribió en septiembre de 1924; el manuscrito está fechado el 5 de octubre de aquel año. El relato no se tradujo ni se publicó hasta su recopilación en esta colección de relatos, y dio título a las ediciones francesa e italiana. La versión inglesa se publicó separadamente en una edición especial con ocasión del sexagésimo aniversario de la editorial Penguin, en Inglaterra, en 1995.

El cuadro de Sebastiano (Luciani) del Piombo (1485-1547), que casi con toda seguridad inspiró la tela que se describe en el relato, es el llamado Giovane romana detta Dorotea (circa 1512). Nabokov pudo haberlo visto en el Kaiser-Friedrich Museum, ahora el Staatliche Museum de Berlín. Probablemente, el lugar de nacimiento del pintor, Venecia, indujo a Nabokov a olvidar la génesis romana de su dama y a transformarla en «veneciana». Es también casi seguro que Ritratto di donna, del mismo artista, actualmente en la colección del Conde de Rador en Longford Castle, sea al que alude brevemente Nabokov, cuando dice: «Lord Northwick de Londres, el propietario de otro cuadro también de Del Piombo».

… Necesitaría mucho más espacio del que brinda un mero prólogo para esbozar las líneas maestras de los temas, métodos e imágenes que se entretejen y desarrollan en estos relatos, así como de los ecos de la juventud de Nabokov en Rusia, sus años universitarios en Inglaterra, su período de exilio en Alemania y Francia y la América que se entretenía en inventar, según decía él mismo, después de haber inventado Europa. Daré unos cuantos ejemplos escogidos al azar. «La Veneciana», con su sorprendente giro, constituye un eco o réplica de la pasión de Nabokov por la pintura (a la que pensaba dedicarse cuando era niño) contra un fondo de tenis que jugaba y describía con un encanto especial.

Dmitri Nabokov

San Petersburgo (Rusia) y Montreux (Suiza), junio de 1995) 

 

Algunas opiniones

— «Para este año, en el que conmemoramos el 40º aniversario de la muerte de Nabokov, me he propuesto revisar la obra de ese autor clave en mi vida de lector. Rescato de mi atiborrado archivo el recorte con el obituario (5-7-1977) que le dedicó Rafael Conte en este mismo periódico y en el que el crítico citaba la estupenda Pálido fuego como la obra maestra de su autor. Me parece poco: Lolita, Ada o el ardor, Pnin, algunas de sus narraciones cortas (pienso, por ejemplo, en La veneciana) y, sobre todo, Habla, memoria, todas ellas de su gran etapa americana, también merecen figurar en el panteón de la mejor literatura de la segunda mitad del siglo XX. » (Manuel Rodríguez Rivero, Babelia, 18 enero 2017)

— «Excéntrico, huraño, nostálgico, deliberadamente fuera de su tiempo, como aspira a serlo y como frecuentemente es, Nabokov sigue siendo, en virtud de su extraterritorialidad, un hombre profundamente de su tiempo y uno de sus más destacados portavoces» (George Steiner)

 

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