Las armas secretas

Autor: Julio Cortázar

«Curioso que la gente crea que tender una cama es exactamente lo mismo que tender una cama, que dar la mano es siempre lo mismo que dar la mano, que abrir una lata de sardinas es abrir al infinito la misma lata de sardinas. «Pero si todo es excepcional», piensa Pierre alisando torpemente el gastado cobertor azul.»

 

La obra

“Las armas secretas” es un relato que da nombre al libro de cuentos publicado por primera vez en 1959. Se trata de relato en el que apariencias, recuerdos y realidad se mezclan, llevando a un final abierto en el que no deja claro qué interpretación es la real, ni siquiera si saberlo importa en realidad.

El libro de “Las armas secretas” está compuesto por cinco relatos que nos ofrecen un espléndido resumen de lo que es Cortázar, sus temas recurrentes, sus juegos lingüísticos que obligan al lector a implicarse como parte activa de la obra y, sobre todo, la inutilidad de las palabras para expresar la verdad. Recopila relatos como el Perseguidor —señalado como uno de los clásicos de Cortázar— o las Babas del Diablo, cuento con superposición de planos y realidades que es célebre también por ser la inspiración para el film “Blow-up” de Antonioni. Los cuentos de “Las armas secretas” ya señalan la pauta que tomará Cortázar en su narrativa y que tendrá su apogeo en la experimental “Rayuela”.

“Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra «madre» era la palabra «madre» y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba. En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.” (Julio Cortázar)

 

Algunas opiniones

Según una técnica en la que Cortázar es maestro, lo extraordinario lo imprevisible, —el fantasma— se introduce solapadamente en el relato de “Las armas secretas”. A diferencia de “Cartas de Mamá” aquí llega no por la tácita aceptación de los personajes, sino a pesar de ellos. Al principio es una pertinaz, aunque vaga reminiscencia de cierta ciudad alemana donde Pierre nunca estuvo; más tarde, el preciso recuerdo de una casa —la escalera, el pasamanos, la bola de cristal del pasamanos—; finalmente: el vértigo. Una fuerza oculta, un arma secreta, que se apodera de su voluntad, la desplaza, lo utiliza como instrumento y consuma su poderoso designio vengativo. Es sin duda un gran cuento y, hasta aquí, nos parece antológico. Decimos hasta aquí porque el final es defectuoso. Hubiese ganado en intensidad de haberse podido suprimir el ulterior diálogo entre Roland y Bebette. Por supuesto que era menester explicar cosas, pero pudo lograrse con un artificio más elaborado. (Abelardo Castillo, Nota aparecida en El Grillo de papel Nº 2, Buenos Aires, 1959)

En la obra de Cortázar «Las armas secretas» significa la aparición del zombie por segunda vez…. El tema está recogido en un cuento anterior de Final del juego, el que se titula «El ídolo de las Cicladas»; está también en «Cartas de mamá», como ya se ha visto, en Rayuela y más extensamente desarrollado en 62/ Modelo para armar. Su persistencia es un indicio de su importancia. Las hojas secas de Pont Neuf son las de Enghien. Pierre de algún modo oscuro lo conoce, como sabe también que hay una bola de vidrio en el nacimiento de un pasamanos y que esa escalera conduce a la habitación donde aguarda Michéle. El déjá vu cumple entonces una doble función. Por una parte, desencadena la transformación de Pierre en el zombie del alemán; por otra, abre y cierra simultáneamente el acceso a la felicidad mostrando cómo la lucidez es un viaje a través del horror. En la coagulación del instante se ha producido una sustitución de personajes. Y subsidiariamente el déjá vu ilustra una teoría de Cortázar que éste formulará más tarde en las páginas de Rayuela: la teoría de las figuras. (“Julio Cortázar o la crítica de la razón pragmática”, Juan Carlos  Curutchet, Editora Nacional, 1972)

 

La música

Schumann: Dichterliebe, Op. 48 – ‘Im Wunderschönen Monat Mai’; Dietrich Fischer-Dieskau (voz), Christoph Eschenbach (piano)

 

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