Lavandería Angel

Autor: Lucia Berlin

«Un indio viejo y alto con unos Levi’s descoloridos y un bonito cinturón zuni. Su pelo blanco y largo, anudado en la nuca con un cordón morado. Lo raro fue que durante un año más o menos siempre estábamos en la Lavandería Ángel a la misma hora. Aunque no a las mismas horas…»

 

La obra

‘Lavandería Angel’ es el primero de los relatos contenidos en Manual para mujeres de la limpieza, una selección de los mejores cuentos de la escritora norteamericana Lucia Berlin, fallecida en el 2004.  Sus primeros cuentos datan de los años sesenta, cuando Lucia, nacida en Alaska en 1936, rondaba la treintena; algunos vieron la luz en revistas, su primer libro (Angels Laundromat) data de 1981, y publicó otros cinco hasta su muerte, siempre en pequeñas editoriales. Con una obra escasa –setenta y siete cuentos en total– Lucia Berlin, no fue descubierta hasta 2015, cuando una de las editoriales más poderosas de EE.UU., Farrar Straus and Giroux, publicó Manual para mujeres de la limpieza. 

Con su inigualable toque de humor y melancolía, Berlin se hace eco de su vida, asombrosa y convulsa, para crear verdaderos milagros literarios con episodios del día a día. Las mujeres de sus relatos están desorientadas, pero al mismo tiempo son fuertes, inteligentes y, sobre todo, extraordinariamente reales. Ríen, lloran, aman, beben: sobreviven.

“Los cuentos dicen cosas de mí que no fui capaz de reconocer en el momento en que los escribía. Cuando digo en Lavandería Ángel que el indio y yo estábamos conectados, que nos reflejábamos en el mismo espejo… Me estaba diciendo a mí misma, estúpida e idiota de mí, que era alcohólica y tardé 20 años en darme cuenta de que la historia quería decirme eso”, dice Lucia Berlin, para quien, en todo buen relato, debía producirse, como en este caso, “una mínima alteración de la realidad. Una transformación, no una distorsión de la verdad”, porque “lo que nos emociona no es identificarnos con una situación, sino reconocer esa verdad”.

 

Algunas opiniones

Las historias de Lucia Berlin son eléctricas, vibran y chisporrotean como unos cables pelados al tocarse. Y la mente del lector, seducida, fascinada, recibe la descarga, las sinapsis se disparan. Así nos gusta estar cuando leemos: con el cerebro en funcionamiento, sintiendo latir el corazón.

Parte de la chispa de la prosa de Lucia está en el ritmo: a veces fluido y tranquilo, equilibrado, espontáneo y fácil; y a veces entrecortado, telegráfico, veloz… Y luego está la lengua en sí, palabra por palabra. Lucia Berlin siempre está escuchando, oyendo. Palpamos su sensibilidad a los sonidos del lenguaje, y saboreamos también el ritmo de las sílabas, o la perfecta coincidencia entre sonido y significado… La capacidad de una escritora para plasmar el mundo resulta más evidente aún cuando su mirada abarca lo cotidiano junto a lo extraordinario, la vulgaridad y la fealdad junto a la belleza. »

Lucia Berlin basó muchos de sus relatos en sucesos de su propia vida. Uno de sus hijos dijo, después de que muriera: «Mi madre escribía historias verdaderas; no necesariamente autobiográficas, pero por poco».

Aunque la gente habla, como si fuera algo nuevo, de esa modalidad literaria que en Francia se denominó «autoficción», la narración de la propia vida, tomada sin modificar apenas la realidad, seleccionada y narrada con criterio y vocación artística, creo que es eso, o una versión de eso, lo que Lucia Berlin ha hecho desde el principio, ya en la década de 1960. Su hijo luego añadió: «Las historias y los recuerdos de nuestra familia se han ido modelando, adornando poco a poco, hasta el punto de que no siempre sé con certeza qué ocurrió en realidad. Lucia decía que eso no importaba: la historia es lo que cuenta».

Escribe sobre sus hijos —tuvo cuatro— y los distintos trabajos que desempeñó para sacarlos adelante, a menudo sola. O, más bien, escribe acerca de una mujer con cuatro hijos, con trabajos similares a los que ella hacía: mujer de la limpieza, enfermera en Urgencias, recepcionista en hospitales, telefonista en la centralita de un hospital, profesora.

Vivió en tantos sitios, pasó por tantas experiencias que bastarían para llenar varias vidas.

Berlin es implacable, no se anda con contemplaciones, y aun así la brutalidad de la vida siempre queda atenuada por su compasión ante la fragilidad humana, por la inteligencia y la agudeza de esa voz narrativa, y su fino sentido del humor.

(Lydia Davis)

La escritura de Lucia tiene nervio. Cuando pienso en ella, a veces imagino a un maestro de la percusión tras una batería enorme, tocando con ambas manos indistintamente una serie de tambores, tom-toms y platillos, mientras controla los pedales con los dos pies… No es que su obra sea percusiva, es solo que pasan muchas cosas a la vez.  La prosa se abre camino a zarpazos en el papel. Desborda vitalidad. Revela.

(Stephen Emerson)

 

Descargar archivo

Si le gusta el contenido de esta página y quiere contribuir a su mantenimiento, cualquier aportación será bien recibida.

donate button
Please choose the donation payment system