Tres Rosas Amarillas

Autor: Raymond Carver 

Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un self-made man cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía… 

La obra

Tres Rosas Amarillas es el relato que, como auténtico broche de oro, cierra el libro al que da título. Probablemente es la mejor narración de todo el volumen. Carver abandona su universo habitual y hace un relato de época: los últimos años de uno de sus maestros, el ruso Anton Chejov. Va describiendo el avance lento pero inexorable de su enfermedad hasta su muerte en un hotel; un final entre agónico y apoteósico, con Chejov bebiendo, junto a su médico y su esposa, una copa de champaña. Después, un despistado empleado del hotel, ajeno por completo al drama, aparecerá portando un jarrón con tres rosas amarillas con el que no sabe muy bien qué hacer, y ofreciendo la posibilidad de desayunar en el jardín. El relato, en el que no sobra absolutamente nada, es toda una joya, un homenaje a su maestro.

El tema elegido por Carver para recordar a Chejov, esconde una curiosa simetría con su propia vida, o por mejor decir, con su propia muerte.  El autor de Tres rosas amarillas murió en el verano de 1988 de un cáncer de pulmón. Raymond Carver se encontraba en pleno apogeo creativo, se había convertido para entonces en un escritor célebre y respetado y sus obras eran traducidas a una veintena de idiomas.

En 1977 había conocido a la poeta Tess Gallagher, que ya nunca saldrá de su vida. Gallagher narra, en su evocación del escritor, el viaje que ambos hicieron por Europa en abril de 1987 donde se encontraron con sus editores y amigos, como Richard Ford y Salman Rushdie. Pasan tardes sentados en la terraza de la Brasserie Lipp de París tomando un café y comiendo poco porque él no se encuentra bien. En septiembre de ese año le diagnostican un cáncer, que se complica. “Buscamos de forma instintiva a Chéjov para recuperar cierta estabilidad”, cuenta ella. “Fue una época desconcertante, pero tomamos la decisión de no decirle a nadie que el cáncer se había reproducido para mantener la atención en lo que queríamos hacer”. Entonces decidieron celebrar sus 11 años juntos casándose en Reno, Nevada. La boda fue lo que Ray llamó “un asunto francamente hortera”. A los dos meses, el London Times tituló: “El Chejov americano Raymond Carver muere a los 50 años”.

Algunas opiniones

«En Tres rosas amarillas, Carver lleva su estilo y su fuerza narrativa hasta las últimas consecuencias: una prosa límpida y transparente que bucea en el misterio de la vida; procedimientos descriptivos ajenos a todo sentimentalismo y que plasman profundas emociones humanas; un lenguaje preciso y escueto cuya llaneza da lugar a atmósferas plenas de sentidos y contextos».

«En los cuentos de Carver todos los pormenores de la vida adquieren una relevancia sagrada, porque él sabe que las cosas mejores o las más terribles suceden en los lugares y en los instantes cotidianos; a sus personajes, aún a los más perdidos, todo les importa y les hiere». (Antonio Muñoz Molina).

 

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