Un canasto junto al Tíber

Autor: Alberto Moravia

«Hace años, aguas arriba respecto de mi edificio, la calle que corre junto al Tíber, corroída por el río, se desplomó. Entonces pusieron tabiques bajos, cerraron el tránsito e iniciaron los trabajos de estabilización, que aún duran. Así, esa calle se transformó en un lugar tranquilo donde sólo se aventuran los automóviles de los que allí viven. Los niños van a patinar; los enamorados hacen el amor sin disimulos; las madres llevan de paseo a los pequeños.»

 

La obra

“Un canasto junto al Tíber” forma parte del libro de relatos “La cosa y otros cuentos”, publicado en 1983.

 

El autor

Alberto Moravia nació en Roma el 28 de noviembre de 1907 y falleció en la misma ciudad el 26 de septiembre de 1990. Su nombre real era Alberto Pincherle, Moravia era el apellido de su abuelo materno. Nació en el seno de una familia de clase media-alta, hijo de un arquitecto judío y una madre católica. No tuvo una formación tradicional, ya que una tuberculosis ósea que contrajo con nueve años lo obligó a pasar casi una década en la cama, época que pasó leyendo. Tras colaborar con la revista 900, publicó su primera novela Gli Indifferenti (Los indiferentes), en 1929. En 1941 contrajo matrimonio con la escritora Elsa Moranti. Su novela La mascarada (1941), una sátira política, le obligó a huir de Italia, adonde no pudo volver hasta tres años después, con la liberación de Roma. Su fama creció de manera exponencial tras su regreso, y colaboró con importantes publicaciones como Il Mondo y Il Corriere della Sera. En 1953, Moravia fundó la revista Nuovi Argomenti, que tenía a Pier Paolo Pasolini entre sus editores. Se separó de su esposa en 1962,  se marchó a vivir con la joven escritora Dacia Maraini y dedicó la última parte de su vida especialmente al teatro. En 1986 se casó con la española Carmen Llera. En 1990 apareció muerto en el suelo de su cuarto de baño, el mismo año en el que había publicado su autobiografía.

 

Algunas opiniones

«Moravia nació en el primer decenio del 900 y ha desaparecido al alba del último. La cultura italiana de este siglo estará caracterizada, pues, mejor que por otras figuras de escritores, por la presencia de este testigo de la dictadura y de su rechazo, de la posguerra y de sus decenios más recientes, como también de los numerosos debates literarios e ideológicos que los han marcado.Uso con intención la palabra testigo en vez de la de protagonista porque corresponde a la idea que Moravia tenía del escritor como ojo vigilante de su propio tiempo. Se puede ser protagonista de primera fila siendo sencillamente un testigo –él mismo así lo decía–, y se puede estar comprometido a disgusto.

No ha desaparecido uno de los grandes viejos del siglo. Moravia fue hasta el final un gran joven. Vivía, se indignaba y se alegraba como si tuviera 20 años (aquellos 20 años que la enfermedad le había robado). Cómo ha podido conciliar esa energía y las ganas de vivir con el aburrimiento que proclamaba a cada instante se lo ha llevado como un secreto. Moravia se aburría de verdad, pero quizá como reacción era un goloso de experiencias, encuentros, viajes. Unas ganas de vivir contro voglia.

Nunca asumió el papel de padre-maestro en el sentido de que nunca propuso ideas fuertes para enseñar cómo se debe pensar y actuar. Moravia ha sido más que un padre, un tío, siempre dispuesto a dar juicios o a distribuir bufidos, pero no bajo la forma de enseñanza ex cátedra, sino como testimonio de su reacción ante las cosas, los acontecimientos, las personas, las instituciones, la historia.

No se había construido la idea del vate, del héroe, del maldito o del mártir, como otros protagonistas literarios del siglo; adoptó el papel del burgués, narrando su ser burgués desde dentro con lúcida y escéptica vocación de moralista. Un poco aburrido, exhibiendo improvisados guiños de travieso apasionado y muchas sorpresas casi infantiles frente a la variedad de la vida. De la cual –aburridísimo y con frecuentes resoplidos de irritación– no se echó nunca atrás, esperando que fuera ella la que tomara la decisión de abandonarlo. Cosa que ha debido de provocarle su último arrebato de enojo. (UMBERTO ECO, “Un joven hasta el final”, El País, 28 de septiembre de 1990)

 

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