Goethe

Werther

Autor: Johan Wolfgang Goethe 

«He recogido con afán todo lo que he podido encontrar referente a la historia del desdichado Werther, y aquí os lo ofrezco, seguro de que me lo agradeceréis. No podréis negar vuestra admiración y amor a su genio y su carácter, ni vuestras lágrimas a su destino. 
Y tú, pobre alma que sufres el mismo tormento, ¡ojalá saques consuelo de sus amarguras, y llegue este librito a ser tu amigo si, por capricho de la suerte o por tu propia culpa, no encontrases otro más próximo!»

La obra

El clamoroso éxito logrado por Penas del joven Werther (1774) en toda Europa (si bien en España el censor de turno prohibiera en 1802 la difusión de su traducción por considerarla análoga a «otras recogidas y condenadas por el Santo Tribunal de la Inquisición») se debió tanto a los extraordinarios valores literarios de la novela como a su afinidad con el nuevo talante que comenzaba a transformar la sensibilidad y el espíritu de la época.
Ahora bien, esa historia de amores desdichados fue para sus contemporáneos algo más que la glorificación de la pasión y de la embriaguez de los sentimientos; como  señalara su propio  autor en «Poesía  y verdad» (y confirmaran luego críticos tan dispares como Hermann Grimm, Wilhelm Dilthey o Georg Lukacs), Werther renuncia a la vida no sólo por un arranque de desesperación afectiva sino por su total incapacidad para acomodarse a una sociedad sin horizontes y espiritualmente empobrecida, en la que no tiene posibilidades de realización el ideal del desarrollo libre, pleno y armónico del individuo, en el que naturaleza y humanidad se hallen reconciliadas. De esta forma, la obra supuso la negación del racionalismo unilateral del siglo XVIII y el comienzo de una reflexión que pondría en crisis radical las bases teóricas de la Ilustración. Como indica Paulino Garagorri, el relato de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) significa, en el campo de la creación filosófico-literaria, un desafío al «Cándido» de Voltaire: estas dos obras, concebidas en fechas muy próximas, «han venido a simbolizar dos actitudes contrapuestas, las luces de la razón y las sombras del apasionamiento —el ímpetu del Sturm und Drang—, a la vez que dos ápices de la prosa francesa y germánica».

Algunas opiniones

«..leamos el apasionado epistolario en el que Goethe, trabando como suele poesía y verdad, nos cuenta parte de su vida y la de su infortunado personaje, apenas inventado. Pues su propio apasionamiento por Carlota Buff, reverdecido luego ante Maximiliana La Roche, el suicidio auténtico de su amigo Jerusalem y los ojos negros de su imposible amor, Maxa Brentano, y bastantes detalles circunstanciales de su estancia en Wetzlar, pasan directamente de la biografía efectiva a la novela. Como en trance, a los veinticuatro años y en cuatro semanas, Goethe dejó atrás su inadaptación adolescente y escribió una obra que le lanzaría, de un golpe, a la fama. Fama súbita, buena y también mala, hasta llegar luego a pesarle la sombra de su bella pintura de un suicida. Pero esa notoriedad le abrió pronto el camino a Weimar, donde asentó su vida y labraría una obra excelsa que le llevó a reinar en la república de las letras germanas.» (Paulino Garagorri)

«Werther obtuvo a su aparición una difusión y notoriedad extraordinarias, que fueron creciendo por toda Europa en sus versiones a otras lenguas. Y aún logró el máximo que un personaje de ficción puede alcanzar: el convertirse en modelo de seres vivos y existentes. El «wertherismo» se propagó hasta en sus detalles —el frac azul y el chaleco amarillo— y en sus últimas consecuencias: los suicidios de los amantes. Y ocurre que fue libro de cabecera de Napoleón, quien, en su entrevista con Goethe, en Erfurt, lo encareció y le comunicó que lo había leído muchas veces por entero. Pese a las profundas variaciones históricas del sentimiento amoroso, el modelo del amor romántico, del amor pasión, obtendrá reencarnaciones futuras.» (Paulino Garagorri)

Adaptaciones cinematográficas y musicales

La obra sirvió de inspiración al compositor Jules Massenet. Su ópera “Werther” se estrenó en Viena en 1892 y contiene uno de los exigentes papeles para la voz de tenor.
En 1986 la directora de cine Pilar Miró realizó una adaptación modernizada del clásico de Goethe, con Eusebio Poncela en el papel de Werther.

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