El cuaderno gris

Josep Pla

8 de marzo de 1918

«Como hay tanta gripe, han tenido que clausurar la universidad. Desde entonces, mi hermano y yo vivimos en casa, en Palafrugell, con la familia. Somos dos estudiantes ociosos. A mi hermano, que es un gran aficionado a jugar al fútbol —a pesar de haberse roto ya un brazo y una pierna—, lo veo solamente a las horas de comer. Él hace su vida. Yo voy tirando. No añoro Barcelona y menos aún la universidad. La vida de pueblo, con los amigos que tengo aquí, me gusta.»

 

En 1966 Josep Pla (Palafrugell, 1897-Llufriú, 1981) publicó “El quadern gris”, libro que muchos sitúan en lo más alto de su vastísima producción de grafómano compulsivo (más de 30.000 páginas recogidas en una obra completa de 46 volúmenes). El libro, con estructura de dietario, narra una serie de vivencias cotidianas e impresiones entre 1918 y 1919, cuando era un estudiante de Derecho de en la Universidad de Barcelona. Una epidemia de gripe provoca el cierre de las facultades y Pla retorna a su pueblo, Palafrugell, al hogar familiar. En ese momento arrancan las anotaciones.

El tema central es la angustiosa llegada de un joven escritor al mundo de los adultos y su lenta adquisición de conciencia del oficio de escritor.

El libro empieza con una presentación muy clara de la situación en que se encuentra el protagonista: el 8 de marzo de 1918, la fecha de su veintiún aniversario, se encuentra en Palafrugell y acaba de dejar Barcelona, a causa de la epidemia de gripe. Este inicio le permite inmediatamente hacer balance de su vida pasada y ponerse a escribir, desarrollando una verdadera obsesión: el paisaje ampurdanés, que se convierte en el verdadero reto narrativo, descriptivo y estilístico del joven aprendiz de escritor.

Constantemente angustiado, herido por la obsesión de la escritura, el joven estudiante necesita acabar sus estudios para conseguir una mínima estabilidad económica y afrontar las verdades de la realidad y de la vida. En el mes de enero de 1919 se instala otra vez en Barcelona y, lentamente, gracias a su furia lectora y a su entrada en el mundo del periodismo, va adquiriendo plena conciencia de su madurez como escritor.

Hacia el final del libro, el protagonista habrá terminado con éxito los estudios de abogado, entrará en el mundo del periodismo y será nombrado corresponsal en París, continuará escribiendo y conseguirá un estilo literario adecuado que, gracias a los consejos de su amigo Alexandre Plana, le permitirá empezar a escribir su diario, el diario que el lector ya tiene en las manos, El quadern gris.

 

La traducción al castellano

En 1975 se lleva acabo la traducción al castellano realizada por Dionisio Ridruejo y Gloria Ros (su mujer). Para Valentí Puig esa traducción representa algo tan fundamental como «el diálogo Castilla-Cataluña, hoy tan postergado». «Ridruejo y Pla, tan diferentes en formación y biografia, hablaron mucho sobre el futuro de España y la significación de Cataluña. Y fue la esposa de Ridruejo la que llevó el peso de la traducción, muy valiosa. Hace de eso varias décadas y Pla sigue teniendo lectores en toda España, en buena parte gracias a Ridruejo y Gloria Ros, y gracias a la revista Destino de Vergés”.

 

Algunas opiniones

«Pla es enorme. Una personalidad cuajada a partir de un sinfín de presuntas contradicciones: el afrancesado y cosmopolita que se cala la boina de payés y acaba emboscándose en su pueblo; el huraño en continuo contacto con sus coetáneos, hablando constantemente con ellos; el solterón encandilado con la belleza femenina; el sabio que predicaba la superficialidad; un reaccionario muy liberal; un intelectual disfrazado de campesino… El cuaderno gris, escrito en diversas fases (la última a principio de los años sesenta), es un testimonio imprescindible para adentrarse en su personalidad, tan resbaladiza. Es imposible que cualquier sistema ideológico pueda utilizarlo para sus objetivos: ni los de aquí ni los de allí, ni los hunos ni los hotros. En este dietario, que algunos tildan de novela (la cuestión no es pacífica), «hay un mundo», dice Arcadi Espada. «Un mundo perdido y recobrado». Algo que tanto recuerda a Proust. «Seguramente, estamos ante el mejor Pla», remacha Valentí Puig.» (Alberto Ojeda, “El Cultural”, 15 enero 2013)

 

Diseño de portada: Guillermo P. Guillot

 

El cuaderno gris (marzo-abril 1918):

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