Un canasto junto al Tíber

«Hace años, aguas arriba respecto de mi edificio, la calle que corre junto al Tíber, corroída por el río, se desplomó. Entonces pusieron tabiques bajos, cerraron el tránsito e iniciaron los trabajos de estabilización, que aún duran. Así, esa calle se transformó en un lugar tranquilo donde sólo se aventuran los automóviles de los que allí viven. Los niños van a patinar; los enamorados hacen el amor sin disimulos; las madres llevan de paseo a los pequeños.»…

El predicador desconcertado

«Algo retrasó la llegada del ministro wesleyano, y un joven vino temporalmente en su lugar. Era el 13 de enero de 183… cuando el señor Stockdale, el joven en cuestión, hizo (ignorado y casi desapercibido) su humilde entrada en la aldea. Pero cuando los vecinos que se consideraban de su secta entraron en contacto con él se sintieron más complacidos que lo contrario con el sustituto, a pesar de que la personalidad del joven Stockdale apenas si había adquirido todavía el aplomo suficiente para tranquilizar las conciencias de los ciento cuarenta metodistas de pura sangre que en aquella época vivían en Nether-Moynton…»…

Las confesiones de un pequeño filósofo

«Quiero escribir algunas líneas para esta nueva edición de mi libro. Lo mejor será que yo cuente dónde lo he escrito. Lo he escrito en una casa del campo alicantino castizo. El verdadero Alicante, el castizo, no es el de la parte que linda con Murcia, ni el que está cabe los aledaños de Valencia; es la parte alta, la montañosa, la que abarca los términos y jurisdicciones de Villena, Biar, Petrel, Monóvar, Pinoso. En uno de estos términos está la casa en que yo escribí este libro.»…