Las inquietudes de Shanti Andía

«Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad. Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos.»…

Tierra de hombres

“Estábamos en 1926. Yo acababa de ingresar como piloto en la Sociedad Latécoère, que estableció, antes que la Aéropostale (la actual Air France), el enlace Toulouse-Dakar. Allí aprendí el oficio. Al igual que mis compañeros, pasaba el noviciado obligado a los jóvenes antes de alcanzar el honor de llevar el correo. Prueba de aviones, desplazamientos entre Toulouse y Perpignan, aburridas lecciones de meteorología en el fondo de un hangar helado. Vivíamos en el temor a las montañas españolas, que aún no conocíamos, y en el respeto a los veteranos.”…

Un canasto junto al Tíber

«Hace años, aguas arriba respecto de mi edificio, la calle que corre junto al Tíber, corroída por el río, se desplomó. Entonces pusieron tabiques bajos, cerraron el tránsito e iniciaron los trabajos de estabilización, que aún duran. Así, esa calle se transformó en un lugar tranquilo donde sólo se aventuran los automóviles de los que allí viven. Los niños van a patinar; los enamorados hacen el amor sin disimulos; las madres llevan de paseo a los pequeños.»…

El predicador desconcertado

«Algo retrasó la llegada del ministro wesleyano, y un joven vino temporalmente en su lugar. Era el 13 de enero de 183… cuando el señor Stockdale, el joven en cuestión, hizo (ignorado y casi desapercibido) su humilde entrada en la aldea. Pero cuando los vecinos que se consideraban de su secta entraron en contacto con él se sintieron más complacidos que lo contrario con el sustituto, a pesar de que la personalidad del joven Stockdale apenas si había adquirido todavía el aplomo suficiente para tranquilizar las conciencias de los ciento cuarenta metodistas de pura sangre que en aquella época vivían en Nether-Moynton…»…