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Lazarillo de Tormes

Anónimo

«Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nascimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre; y fue desta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nascido en el río.»

 

La obra

Preguntado por una persona de cierto rango acerca del rumor llegado a oídos de ésta, Lázaro de Tormes, fingido autor del relato, se dispone a contar su vida circunstanciadamente, para lo cual empieza revelando las peculiaridades de su nacimiento, su humilde condición, su triste infancia. Siendo aún niño, es asignado a un ciego, a quien ha de servir a cambio de una educación, que se cifra en el arte de mendigar y en la virtud de desconfiar de todos. Los inocentes ardides de Lázaro son desbaratados por la superior astucia del ciego y se saldan con tundas colosales. Lázaro se venga del ciego y lo abandona. Sucesivos amos no le reportan mejoras sustanciales: un clérigo avaro y desalmado lo mata de hambre; un escudero paupérrimo con ínfulas de noble vive a sus expensas y lo abandona cuando los acreedores hacen acto de presencia. Un fraile, un estafador y cuantos les siguen le convencen de que quien nace pobre y desgraciado así habrá de vivir inexorablemente. Andando el tiempo, Lázaro se independiza y asienta en una localidad, en la que desempeña el cargo de pregonero. De la boda que le organiza el arcipreste del lugar con su criada —y a todas luces también su concubina— obtiene Lázaro algunas ventajas materiales y el sambenito de cornudo.  Llegados rumores al respecto a oídos de una alta personalidad local, decide ésta recabar la verdad del propio Lázaro, quien los corrobora aunque redime su actitud indigna con el relato de vida y sus andanzas. De este modo el círculo se cierra: la biografía justifica el mal paso, y éste, aquélla.

Eduardo Mendoza.

 

El problema de la autoría

El autor anónimo de esta obra, cuyo título completo es La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, revolucionó los géneros literarios inaugurando la narrativa picaresca. Fue también el precursor de la novela moderna, al presentar en boca de un pregonero una ficción en forma de falsa autobiografía, cargada de rebeldía, crítica social y de sentimiento anticlerical. Surgieron multitud de imitaciones a la sombra del gran éxito que alcanzó.

El Lazarillo se publicó en Burgos, Alcalá y Amberes el año 1554 de forma anónima. La enorme importancia que la obra tiene para la historia de la literatura española ha hecho que numerosos investigadores, ya desde el siglo XVI, hayan intentado esclarecer la identidad de su autor. A pesar de todas las investigaciones llevadas a cabo, el problema sigue sin resolverse, y hoy día parece ya muy difícil que puedan hallarse datos sobre quién fue el autor de tan original obra.

Entre aquellos a quienes se ha atribuido la autoría de la novela podemos citar, como más probables, a fray Juan de Ortega, fraile de la orden de San Jerónimo; a Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), poeta, historiador y diplomático durante el reinado de Carlos I; a Sebastián de Horozco (h. 1510-1580), dramaturgo toledano, y a Juan de Valdés (h. 1499 -1541), humanista y escritor.

Además de por su identidad, los investigadores se han interesado por las razones que pudo tener el autor para ocultar tan decididamente su nombre. Quizá a partir de la propia naturaleza de la novela puedan explicarse en parte esas razones, que tendrían que ver, sobre todo, con el marcado tono anticlerical que tiene la obra. Por otra parte, la originalidad literaria que suponía presentar una obra cuyo protagonista absoluto es un marginado social debió de ser todo un riesgo para el autor y quizá prefirió ocultar su nombre en previsión de los reproches que pudieran hacérsele, tanto de carácter moral como literario.

Ante la imposibilidad de identificar al anónimo autor del Lazarillo, los estudiosos del tema han intentado deducir del contenido de la obra aspectos relacionados con su personalidad. Para unos el autor del Lazarillo formó parte de la minoría social de los conversos, debido a la fuerte carga de crítica social que contiene la obra. Esto supondría que a través de las páginas del Lazarillo se expresa en cierta medida la rebeldía de ese sector marginado contra la sociedad de la época. Otros investigadores sostienen que el autor debió de pertenecer a los círculos erasmistas, que proponían a través de sus obras una reforma de la espiritualidad, criticando el deterioro de las costumbres que se estaba produciendo en algunos sectores de la Iglesia.

NOTA: Desde el año 2002 lleva Rosa Navarro, catedrática de Literatura de la Universidad de Barcelona, defendiendo ante tirios y troyanos su tesis de que La vida de Lazarillo de Tormes fue obra del humanista Alfonso de Valdés, de ascendencia judía, responsable de redactar las cartas en latín del emperador Carlos V y brazo derecho del canciller Mercurino Gattinara. Navarro resiste las críticas, a veces ásperas, y los embates de periódicas atribuciones del Lazarillo a otros escritores y se descuelga ahora con una edición del libro, en Alianza Editorial, que por primera vez luce en la portada la mención a Valdés en lugar del consabido “Anónimo”. (http://www.elmundo.es/cultura/2016/05/14/5734bf48e2704e90648b45d4.html)

 

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